Forma parte del fin de semana, pero es laborable. Quien puede se queda en casa, con la intención de descansar. Yo lo hacía antes de abrir la tienda los sábados por la tarde, y a menudo tenía la sensación de estar perdiendo aquel tiempo, mirando alguna cosa en la tele que ni me interesaba ni me gustaba, por mucho que tuviera una labor entre manos… Ahora ya no.

Un sábado por la mañana apareció Emília en Trikotem, recuerdo que todavía estábamos en el viejo local, uno muy, muy pequeño, pero con una gran calidez. Emília no vive en Cambrils, solo viene a pasar los fines de semana. Me dijo que le interesaba mucho venir a aprender, pero que le era imposible venir por la mañana. ¿Por qué no abres los sábados por la tarde? -me dijo. Seguro que vendrá mucha gente, ya lo verás. En aquellas fechas yo cerraba los sábados por la tarde y los lunes por la mañana (el señor de los ovillos todavía no estaba); y pensé: pues por qué no? Puedo abrir todo el sábado y cerrar todo el lunes…

I así fue como, desde entonces y gracias a una mujer inquieta, los sábados por la tarde nos reunimos para trabajar, aprender y, sobretodo, para pasar un buen rato.

No sé si habéis oído hablar de los círculos femeninos. “Un círculo de mujeres te ayuda a encontrar el río de tu vida y te apoya en el proceso de entregarte a su corriente” dijo Marion Woodman, autora canadiense y una figura muy representativa del movimiento de la mujer.

Pues ésa es la sensación que tengo todos los días en Trikotem, solo que los sábados se acentúa mucho más. Somos un círculo de mujeres. Es un día en que ninguna tenemos prisa: llegamos con puntualidad, nos sentamos, cogemos las agujas y empezamos. A menudo (demasiado a menudo) alguna ha preparado merienda para compartir y, entre trago y mordisco de alguna delicia, sin darnos cuenta, tejemos mientras hablamos, soltando problemas, experiencias, dudas, congojas. Nuestras manos van creando lo que nos hemos imaginado para alguna persona querida, al mismo tiempo que nos ayudamos y apoyamos, ya sea con la labor que tenemos entre manos o sobre aquel problema que alguna de nosotras ha expuesto y no sabe cómo gestionar.

Emília siempre dice que es como “El club de los viernes”, la novela de Kate Jacobs, pero en sábado. Y pienso que quizá sí.