He buscado cultura en el diccionario y, entre otras, he encontrado las siguientes definiciones:

f. [LC] [PE] Conjunto de los conocimientos literarios, históricos, científicos o de cualquier otro tipo que se poseen como fruto del estudio, de las lecturas, de viajes, de experiencia, etc.

f. [LC] [AN] [PE] Conjunto de los símbolos, valores, normas, modelos de organización, conocimientos, objetos, etc., que constituyen la tradición, el patrimonio, la forma de vida, de una sociedad o de un pueblo.

Así, pues, la cultura la adquirimos, pero también la creamos. La hemos ido construyendo los seres humanos, poco a poco, a lo largo de los siglos. La humanidad empezó por organizarse en comunidades que, más adelante, se convirtieron en pueblos o ciudades; se construyeron herramientas, utensilios, cualquier objeto necesario para sobrevivir y, de esta forma, se fue desarrollando la especie humana a la que pertenecemos, hasta llegar a la actualidad. La cultura es todo lo que nos rodea.

Es verdad que ahora disponemos de máquinas que nos facilitan o nos realizan el trabajo: así encontramos robots que construyen otras máquinas, robots que nos limpian la casa, máquinas que nos lavan la ropa o la vajilla, que preparan comida… no acabaríamos de enumerar las virtudes de las tecnologías, las antiguas y las nuevas, porque realmente son infinitas. Sin la tecnología probablemente no estaríais leyendo esta entrada ni yo, probablemente, la hubiera escrito.

Aun con todo, todavía existen tareas manuales ancestrales que perduran i que, creo, nunca dejarán de realizarse por puro placer. Antaño eran necesarias para vivir, y ahora las llamamos “hobbies”. Son muchos los trabajos que ejecutan artesanos y artesanas.

La artesanía es la capacidad de que disponemos los humanos para producir objetos con las manos o con la ayuda de utillajes o máquinas simples (Viquipèdia).

Así los alfareros disfrutan hundiendo sus manos en la arcilla para darle forma y crear utensilios útiles y bonitos; las artesanas de la palma o del mimbre crean cestas, los herreros forjan, ebanistas, artesanos del vidrio, de las baldosas, esmalteros, guarnicioneros, encajeras… y también tejedores.

Tejer siempre ha formado parte de la humanidad porque siempre hemos tenido la necesidad de cubrir nuestro cuerpo, ya sea por vergüenza de mostrarlo o para defendernos del frío o de ataques externos.

Ciertamente, en la actualidad el mundo de la moda pone a nuestro alcance infinidad de piezas realizadas con todo tipo de materiales y colores. Encontramos prendas económicas y otras que no lo son tanto. Con dinero podemos comprar todo lo que queremos y, no nos engañemos, comprar también es un placer.

Pero, para mi, no hay placer que supere el hecho de idear una pieza, buscar el material que mejor le convenga, diseñar y coger las agujas o el ganchillo para tejerla pensando en la persona para la que está destinada. Y me gusta “invertir” mi tiempo, porque considero una “inversión” el hecho de tener que usar diferentes aptitudes: hay que saber calcular el número de puntos que pondremos en la aguja, hay que combinar colores y texturas, necesitamos un poco de valentía para empezar, y hace falta paciencia, una de las virtudes más importantes y que debemos entrenar, porque el resultado de nuestro trabajo no será inmediato. Lo que sí será siempre es precioso, porque será único y porque habrá salido del trabajo de nuestras manos.

Así pues, trikópatas, tejer también es cultura!!